Publicado por Rafael Hernandez Palmer el Friday 24 de April de 2009. Categorizado en: Importancia de la familia, Orientación profesional, Terapia familiar
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Diversos estudiosos de la psicología social han buscado encontrar una explicación a la insatisfacción y la ruptura de las relaciones de pareja.
En primera instancia hay que precisar que estas dos condiciones o variables no necesariamente se presentan en común, de tal forma que hay diversas parejas que tienen un nivel alto de insatisfacción pero se mantienen unidas, mientras otras eligen romper la relación que les une.
Sin embargo la presencia de insatisfacción es hasta cierto punto parte de un fenómeno psicológico y social esperable. En términos de Freud, en el logro de la identidad, individual o de pareja, se transitan por cuatro etapas:
- Dependencia
- Contradependencia
- Independencia
- Interdependencia
Para el lector que busque una expresión más simple, y menos cargada de términos “extraños”, podría comparar la relación amorosa con un ciclo estacional.
En primera instancia, en la primavera de las relaciones, se da un acercamiento pleno de confianza, apertura, conformidad. En ella se da una exploración y búsqueda espontánea, fresca, casi eufórica.
Sin embargo, terminada la primera etapa, se generan los primeros roces y conflictos que alejan a la parejan uno del otro, volviendo comunes los pleitos, y también las reconciliaciones. Dos posibles peligros se presentan en esta etapa:
- Creer que porque hay conflictos se debe desisitir en la consolidación de la pareja
- Generar una afición por los polos apasionados de pleito y reconciliación
En la tercera etapa, la independencia, cada miembro de la pareja se da a sí mismo y al otro, un espacio para ver, pensar, sentir y actuar por separado. En la práctica se evidencia en dos vertientes:
- Mantenerse unidos legalmente, pero con una vida, física y emocionalmente, en separación
- Romper la relación
Sin embargo, el amor maduro alcanza a superar estas tres etapas previas y logra una mezcla equilibrada de cada uno de sus integrantes, con lo cual se presentan las tres “personas” de la pareja, en su tiempo y en su forma: yo, tu, nosotros.
Equilibrio que, en términos de Stenberg, obliga al cuidado cotidiano y meticuloso, de tres ingredientes: intimidad, pasión y compromiso.
- Intimidad entendida como la capacidad de apertura e intercambio emocional.
- Pasión, que consiste en la transmisión física de afecto.
- Compromiso, que es el entendimiento de una meta común.
Y como todo ciclo, el nacimiento y crecimiento de los hijos, los factores económicos, las enfermedades y muchos otros elementos harán que en esta “rueda de la vida” le brinde nueva frescura, retos y compromisos a la pareja.
Y de todo ello surgirá la victoria o el fracaso.
¿Seguir intentando o desistir? Este es el camino que algunos rompen muy rápido y otros alargan innecesariamente.
Pero, así es, en la vida, una espiral de perfeccionamiento y plenitud.
Publicado por Rafael Hernandez Palmer el Thursday 13 de November de 2008. Categorizado en: Gestalt, Psicología organizacional
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Por: Psic. Juan Rafael Hernández Palmer

Durante años se ha buscado la manera de integrar de forma saludable a las personas y a las organizaciones, sin embargo, la naturaleza misma de estas relaciones de intercambio, provoca una serie de conflictos que desgastan a ambas partes en un proceso interminable.
Bajo este marco, la psicología ha buscado tender un puente que facilite esta interacción de la conducta humana con el comportamiento organizacional, es decir ha buscado establecer un proceso psicosocial que facilite el equilibrio entre ambas entidades. Este puente ha sido factible gracias a las perspectivas cognitivas y gestálticas.
La perspectiva gestáltica se deriva de los invaluables trabajos de Kurt Lewin y su visionaria propuesta de la Teoría de campo, que ha sido plenamente desarrollada bajo la denominación de teoría general de sistemas. Esta visión holística e integradora fue magistralmente abordada, años después, por los psicólogos sociales Katz y Kahn, quienes repostularon una serie de principios que rigen a las organizaciones desde un enfoque de sistema abierto, en continuo intercambio con el entorno, de quien se nutre de energía y hacia quien debe devolver valores agregados que maximicen su posibilidad de seguir vigentes.
Dentro de estos postulados destaca la relación entre los conceptos dinámicos de homeostasis, equifinalidad, diferenciación y, sobre todo, entropía. La entropía será entendida como un proceso y una tendencia natural de desgaste.
Como sistema abierto, será en el entorno donde se tome la energía suficiente para seguir manteniéndose vivo, peros será la propia organización la que ajustara homeostáticamente su nueva realidad a la circundante, sin perder su esencia o razón de ser. A este proceso se le ha denominado negentropía, que corresponde perfectamente a lo que el connotado filósofo de la administración Peter Drucker enunciaba como Reinvenciones. Reinvenciones que brindan el permiso de generar los cambios que una organización requiere.
Esta misma negentropia, o proceso deliberado por mantener niveles altos de energía, es lo que Salama ha estado continuamente actualizando en su aguda y poderosa interpretación del ciclo de la experiencia vital.
Ciclo de la experiencia, que bien puede ser aplicado a nivel global de la organización, a un grupo dentro de ella o a un individuo. Y es aquí donde, de manera simple pero muy potente se unen las visiones que facultarían la integración dinámica y continua del individuo con la organización, sin perderse una realidad dentro de la otra, sin propiciar confluencias dramáticas que orillen a una vivencia intrapersonal del No Yo.
Vínculo activo de relación, que permite una visión más funcional que el esquizofrenizante mundo de la mejora continua y de la calidad total, que olvidan la posibilidad de separarse de la figura, generar post-contacto y otorgar el reposo. Esta ausencia, casi negación, para los trabajadores de la oportunidad de cerrar una Gestalt dentro del frenético mundo de la mejora continua, crea aberraciones cognitivas de jamás permitir al individuo sentirse pleno y satisfecho, es decir bloquean el continuo de la conciencia desatando una interminable lista de bloqueos que arrojan a los trabajadores a un burn out ineludible. Esta sensación de estar quemado funde toda relación viva de la persona con otras esferas sociales de importancia, como lo son la familia y el tiempo libre, lo cual desquicia las posibilidades de una recreación sana por la prevalencia del trabajo, como figura única que priva de contactos plenos al individuo.
Es, por lo tanto, tiempo de un replanteamiento objetivo de la propia vida del individuo y de las estrategias y diseños de las organizaciones hacia una negentropía que brinde ese continuo de conciencia que potencialice la capacidad de cada ser humano por alcanzar los trascendentales del ser, por disfrutar la alegría y la paz, como resultados inequívocos de una vida plena.