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Publicado por Especialista el Friday 3 de June de 2011. Categorizado en: Control de estrés, Educación, Importancia de la familia, Infancia, Información, Modificación de conducta, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia, Terapia familiar, Trastornos, Valores en la familia
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Ruptura de las relaciones

Publicado por Rafael Hernandez Palmer el Friday 24 de April de 2009. Categorizado en: Importancia de la familia, Orientación profesional, Terapia familiar
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Diversos estudiosos de la psicología social han buscado encontrar una explicación a la insatisfacción y la ruptura de las relaciones de pareja.

En primera instancia hay que precisar que estas dos condiciones o variables no necesariamente se presentan en común, de tal forma que hay diversas parejas que tienen un nivel alto de insatisfacción pero se mantienen unidas, mientras otras eligen romper la relación que les une.

Sin embargo la presencia de insatisfacción es hasta cierto punto parte de un fenómeno psicológico y social esperable. En términos de Freud, en el logro de la identidad, individual o de pareja, se transitan por cuatro etapas:

  • Dependencia
  • Contradependencia
  • Independencia
  • Interdependencia

Para el lector que busque una expresión más simple, y menos cargada de términos “extraños”,  podría comparar la relación amorosa con un ciclo estacional.

En primera instancia, en la primavera de las relaciones, se da un acercamiento pleno de confianza, apertura, conformidad. En ella se da una exploración y búsqueda espontánea, fresca, casi eufórica.

Sin embargo, terminada la primera etapa, se generan los primeros roces y conflictos que alejan a la parejan uno del otro, volviendo comunes los pleitos, y también las reconciliaciones.  Dos posibles peligros se presentan en esta etapa:

  1. Creer que porque hay conflictos se debe desisitir en la consolidación de la pareja
  2. Generar una afición por los polos apasionados de pleito y reconciliación

En la tercera etapa, la independencia, cada miembro de la pareja se da a sí mismo y al otro, un espacio para ver, pensar, sentir y actuar por separado. En la práctica se evidencia en dos vertientes:

  1. Mantenerse unidos legalmente, pero con una vida, física y emocionalmente, en separación
  2. Romper la relación

Sin embargo, el amor maduro alcanza a superar estas tres etapas previas y logra una mezcla equilibrada de cada uno de sus integrantes, con lo cual se presentan las tres “personas” de la pareja, en su tiempo y en su forma: yo, tu, nosotros.

Equilibrio que, en términos de Stenberg, obliga al cuidado cotidiano y meticuloso, de tres ingredientes: intimidad, pasión y compromiso.

  • Intimidad entendida como la capacidad de apertura e intercambio emocional.
  • Pasión, que consiste en la transmisión física de afecto.
  • Compromiso, que es el entendimiento de una meta común.

Y como todo ciclo, el nacimiento y crecimiento de los hijos, los factores económicos, las enfermedades y muchos otros elementos harán que en esta “rueda de la vida” le brinde nueva frescura, retos y compromisos a la pareja.

Y de todo ello surgirá la victoria o el fracaso.

¿Seguir intentando o desistir? Este es el camino que algunos rompen muy rápido y otros alargan innecesariamente.

Pero, así es, en la vida, una espiral de perfeccionamiento y plenitud.

¿Cuándo llevar a su hijo(a) a psicoterapia?

Publicado por Melba el Thursday 29 de January de 2009. Categorizado en: Información, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia familiar
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enuresis

La respuesta a esta interrogante es bastante amplia, es por esto que en el presente artículo trataré de exponer solamente las causas más comunes por las cuales un niño de entre 3 y 11 años es llevado a psicoterapia. Luego de exponer dichas causas, se explica qué es la psicoterapia y en qué consiste la psicoterapia de juego, ya que es ésta (en mi opinión y experiencia) la más indicada para un niño.

Así, se pretende que esta información sea útil para que usted observe cuidadosamente a su hijo(a) y decida si es necesario un tratamiento psicoterapéutico.

Causas

A continuación, se describen las causas más comunes por las que un niño es llevado a psicoterapia:

1. Agresividad: golpear constantemente a las personas que lo rodean (hermanos, compañeros, etc.).
2. Aislamiento: no tiene amigos, es decir, presenta dificultades para relacionarse con los demás.
3. Eventos significativos: divorcio de los padres, muerte de algún familiar cercano, nacimiento de un hermano (a), cambios de casa y escuela, intervenciones quirúrgicas, etc.
4. Dificultades en el aprendizaje: bajo rendimiento escolar. En esta clasificación, se encuentran también el déficit de atención y la hiperactividad (aunque se debe aclarar que éstos son diferentes y para diagnosticarlos de manera adecuada se deben realizar pruebas neurológicas y psicológicas).
5. Trastornos del sueño: pesadillas constantes, sonambulismo, insomnio.
6. Dificultades en la identificación psicosexual: confusión en la identidad sexual.
7. Enuresis diurna o nocturna: dicho comúnmente es hacerse pipí en los calzones, ya sea durante el día y/o la noche.
8. Encopresis diurna o nocturna: hacerse popó en los calzones, ya sea durante el día y/o la noche.

Es importante mencionar que todas estas causas se convierten en una señal de alarma cuando le restan al niño una adecuada adaptación a su medio ambiente (familiar, escolar y social).

Psicoterapia

La psicoterapia es “una de tantas formas de tratamiento por medio del cual se trata de resolver problemas de una naturaleza emocional partiendo de que la persona que se dedica a dar ayuda psicológica debe estar capacitada y entrenada. El psicoterapeuta establece una relación profesional con el paciente con el objeto de remover, modificar o retardar síntomas existentes, de mediar patrones de conducta desajustada, y de promover crecimiento y desarrollo positivo de la personalidad”. (Wolberg, 1967)

Así, la psicoterapia es una alternativa de tratamiento cuando se presentan dificultades en el desarrollo normal de un niño. Sin embargo, es recomendable la psicoterapia de juego debido a diferentes factores.

Los investigadores dedicados al estudio del niño han llegado a la conclusión de que el juego es el mejor camino para analizar y comprender la conducta infantil. “El juego requiere un gasto de energía mediante el cual el niño va fomentando la capacidad para desarrollar habilidades físicas. Además, le permite poseer más contacto con la realidad externa que le rodea, facilitándole la diferenciación de sus puntos de vista que propician su identificación”. (Padilla, 2003).

Para la psicoterapia infantil es fundamental la utilización del juego, por ser éste colectivo y simbólico y porque sirve como intento para regirse ante la vida y ante los padres. También, el juego es un medio por el cual se puede llegar a diagnosticar al niño, ya que al jugar manifiesta la naturaleza de su personalidad y su carácter –sin ficción ni hipocresía-; su temperamento y reacciones.

Según Erikson (1980), el gran énfasis que los psicoterapeutas dan al juego se basa en su reconocimiento de que los niños pequeños están limitados en su capacidad para comunicar sus problemas de la manera en que los adultos lo hacen. Así que, en la psicoterapia infantil, las situaciones de juego son oportunidades para que el niño externe sus problemas, los traslabore y llegue a resolverlos. Entonces, la labor del psicoterapeuta deberá ser observar y comprender dichos problemas y además ayudar al niño a resolverlos.

BIBLIOGRAFÍA

1. Erikson, E. (1980). Infancia y sociedad. México: Paidós.
2. Padilla, V. M. T. (2003). Psicoterapia de juego. México: Plaza y Valdés.
3. Wolberg, L. R. (1967). The technique of psychotherapy. Nueva York: Grune and Stratton.

DATOS DE LA AUTORA

Melba Álvarez Martínez.

Licenciada en Psicología (UNAM). Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Infantil (IIPCS). Psicoterapeuta psicoanalítica (niños, adolescentes y adultos)

¿Mi hijo es inquieto? o ¿tiene déficit de atención?

Publicado por Patricia Pérez Serapio el Saturday 29 de November de 2008. Categorizado en: Educación, Importancia de la familia, Modificación de conducta, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia familiar
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Una de las razones más comunes que encontrado durante mi práctica como profesionista por la que los padres de familia buscan atención o asesoría psicológica se debe a problemas con la conducta de sus hijos, principalmente en el ámbito escolar.

Los padres refieren que sus hijos son muy inquietos, usualmente regresan a casa después del colegio con los trabajos inconclusos, pierden sus útiles escolares, se distraen con facilidad, entre otros síntomas. Se muestran preocupados por saber si sus hijos son simplemente inquietos o padecen algún trastorno que les impida concentrarse o poner atención.

Comencemos por definir qué es el trastorno por déficit de atención (TDAH)

El TDAH se refiere a un patrón persistente de desatención presentado por un individuo y que puede estar acompañado de comportamientos impulsivos/hiperactivos. Éste trastorno es muy común ya que se estima que entre el 3 y 5% de los niños lo padece; en cuanto a los adolescentes y adultos la cifra es imprecisa.

Aunque comúnmente los síntomas de desatención vienen acompañados de comportamientos impulsivos/hiperactivos, también es posible que se presente con predominancia en alguno de ellos por lo que importante un adecuado diagnóstico.

¿Cómo saber si mi hijo tiene TDAH?

En muchas ocasiones, tenemos niños inquietos en casa, muy activos o negativos. Es posible también que los notemos distraídos en algunas ocasiones y que pensemos que es difícil controlarlos, sin embargo, es absolutamente normal que los pequeños presenten algunos de éstos comportamientos.

Un niño puede ser diagnosticado con TDAH si presenta por lo menos seis de los síntomas característicos y éstos han permanecido por un periodo considerable (mínimo 6 meses continuos) con una intensidad que no es coherente con su nivel de desarrollo.

Síntomas de desatención:

  • No presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
  • Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • No sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo.
  • Tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
  • Evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • Extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
  • Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • Es descuidado en las actividades diarias.

Síntomas de hiperactividad:

  • A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
  • A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.
  • A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
  • A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
  • A menudo «está en marcha» o suele actuar como si tuviera un motor.
  • A menudo habla en exceso.

Síntomas de impulsividad:

  • A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
  • A menudo tiene dificultades para guardar turno.
  • A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros.

¿Por qué es importante llevar a mi hijo a una evaluación clínica?

Si usted cree que su hijo puede padecer este trastorno es importante que lo lleve a realizar una valoración clínica, ésta puede ser realizada por un médico especialista o por un psicólogo clínico. Es indispensable buscar ayuda profesional para comenzar a emprender acciones inmediatas y a brindarles el tratamiento adecuado.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo si tiene TDAH?

Convivir con un niño con TDAH no suele ser sencillo, es importante que los padres se armen de paciencia y hagan algunas adaptaciones a su estilo de vida para apoyar a sus hijos.

Algunas actividades que puede hacer son:

  • Establecer un horario: Las actividades cotidianas que se repiten con la misma periodicidad permitirá que comience a organizar y estructurar mejor sus actividades. Programar horas fijas para levantarse, para jugar, para hacer la tarea, etc.
  • Procure actividades cortas: Para que el niño logre concluir las actividades será importante que la tarea a realizar sea corta, una tarea más larga de lo que puede tolerar causará frustración o desinterés en el niño; poco a poco puede ir incrementando la duración de la actividad. Si se trata de una tarea escolar procure dividirla en partes y permita que tenga pausas para jugar o distraerse al concluir cada una de ellas.
  • Establecer reglas sencillas y claras: Las reglas permiten comprender que toda acción negativa tiene una consecuencia por lo mismo deberá quedar establecido qué sucederá si se rompe alguna de ellas.
  • Supervise continuamente las actividades del menor: permitirá que cuando el niño se disperse regrese nuevamente la atención a la actividad que debe concluir, así mismo, tendrá la oportunidad de felicitar a su hijo cuando logre completar cada tarea.

Hay muchas más estrategias que puede emplear, pero es importante contar con el respaldo profesional adecuado para hacer equipo y lograr la mejor calidad de vida para toda la familia, ya que cuando se encuentra un niño con TDHA en el hogar, definitivamente todos los miembros de la familia se ven involucrados.

Destruyendo la Autoestima de mi Hijo

Publicado por Patricia Pérez Serapio el Saturday 18 de October de 2008. Categorizado en: Autoestima, Importancia de la familia, Modificación de conducta, Terapia familiar
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Por: Psic. Patricia Pérez Serapio

Cuando hablamos de autoestima nos referimos a la apreciación valorativa que tiene un individuo sobre sí mismo; el desarrollo de la autoestima está influenciado por el entorno social, académico y principalmente por el entorno familiar.

Los niños reciben mensajes verbales y no verbales, acerca de lo valiosos que son a través de nuestras conductas, acciones, actitudes y comportamientos; éstos mensajes no son voluntarios y se repiten en ocasiones día a día, de ahí la importancia de analizar qué mensajes estamos transmitiendo para saber si estamos fortaleciendo o destruyendo la autoestima de nuestros hijos.

¿Cómo puedo destruir la autoestima de mi hijo?

Todos los individuos tenemos necesidades psicológicas básicas tales como: el afecto, las caricias, el reconocimiento de nuestra existencia, etc; un niño buscará satisfacer dichas necesidades a través de los estímulos que recibe de sus padres.

Si los estímulos que recibe un niño son: rechazo, calificativos negativos (ej, tonto, travieso, etc.), y reconocemos su existencia únicamente cuando su conducta es negativa, entonces estamos en el mejor camino para lograr la destrucción de la autoestima.

Para hacerlo más eficiente, reforcemos con algunas frases destructivas:

  • “mereces que nadie te quiera”
  • “no sirves para nada”
  • “inútil”
  • “no deberías haber nacido”
  • “siempre haces mal las cosas”
  • “nunca pones atención”

Ahora agreguemos algunos mandatos falsos, haciendo hincapié en que nuestro cariño depende del logro de los mismos:

  • “tienes que ser fuerte”
  • “nunca debes llorar”
  • “no debes equivocarte”
  • “no me hagas perder el tiempo”
  • “siempre debes obedecer”

Si después de esto, aún queda algo de autoestima en su pequeño, no se limite, puede usar las siguientes armas:

  • Búrlese de sus sentimientos
  • Humíllelo en público
  • Minimice los problemas que el niño tenga
  • Evite el contacto o las demostraciones de afecto lo más que pueda.

Como podrá darse cuenta, destruir la autoestima de un niño implica un arduo esfuerzo, requiere que sea constante y persistente, es necesario repetir los estímulos día a día, por lo menos durante un año para que los resultados sean duraderos.

¿Cómo puedo fortalecer la autoestima de mi hijo?

Fortalecer la autoestima es más sencillo de lo que parece, los niños buscan recibir afecto, caricias, el reconocimiento de su existencia, etc.

Podemos comenzar con abrazarlos y acariciarlos sin necesidad de un motivo especial, sin necesidad de esperar a que realice una conducta que nos agrade, sin esperar que obtenga las mejores calificaciones en la escuela, sin esperar un día específico, simplemente: abrácelos.

Dígale a su hijo “te quiero” tan frecuentemente como pueda, no espere a que su hijo satisfaga sus expectativas para decírselo, no espere que él lo infiera, simplemente: dígaselo.

Escuche las ideas de su hijo tanto como pueda, reconozca el valor de sus aportaciones, recuerde que para los niños todo es nuevo, están descubriendo el mundo y lo que a los adultos nos puede parecer obvio, para ellos es un descubrimiento.

Si le es posible, estimule a su hijo con frases como:

  • “bien hecho”
  • “la práctica hace al maestro”
  • “gracias por tus aportaciones”
  • “valoro tu opinión”

Como podrá darse cuenta, fortalecer la autoestima de su hijo no requiere demasiado esfuerzo, solo es necesario agregar un poco de paciencia, tolerancia, respeto y sobre todo amor.

Los padres de familia tenemos en nuestras manos la formación y desarrollo de nuestros hijos; es nuestra responsabilidad brindarles las mejores herramientas para enfrentar la vida; debemos enseñarles a vivir con espontaneidad; a mantener relaciones sanas y auténticas; a tener confianza en sí mismos y en los demás; a expresar sus sentimientos y reconocer los sentimientos de otros; pero sobre todas las cosas, debemos enseñarlos a amar.