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Publicado por Especialista el Friday 3 de June de 2011. Categorizado en: Control de estrés, Educación, Importancia de la familia, Infancia, Información, Modificación de conducta, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia, Terapia familiar, Trastornos, Valores en la familia
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¿Cuándo buscar ayuda para mi hijo?

Publicado por Patricia Pérez Serapio el Sunday 1 de March de 2009. Categorizado en: Adolescencia, Información, Modificación de conducta, Orientación profesional, Problemas de conducta
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Psicología

Generalmente, los padres son los primeros en darse cuenta cuando uno de sus hijos manifiesta algún problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil y dolorosa para el padre/madre.

El primer paso antes que nada, es tratar de hablar sinceramente con su hijo acerca de sus sentimientos, a menudo, cuando es una situación poco compleja, ésta puede ser la mejor solución. En otras ocasiones, puede requerir la intervención de un especialista.

A continuación se enlistan algunas señales que le pueden indicar cuándo es necesario buscar ayuda de un especialilsta:

EN NIÑOS:

  • Cambios negativos importantes en el rendimiento académico. 
  • Malas calificaciones en la escuela, a pesar de hacer un esfuerzo notable. 
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su resistencia para asistir a la escuela, al acostarse a dormir o al participar en aquellas actividades normales para un niño/niña de su edad. 
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante mas allá del juego regular. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta de oposición provocativa hacia las figuras de autoridad. 
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

EN ADOLESCENTES

  • Cambios marcados en el aprendizaje en la escuela. 
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias. 
  • Cambios significativos en hábitos de dormir y/o alimenticios. 
  • Frecuentes quejas físicas. 
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte. 
  • Abuso de drogas o del alcohol. 
  • Miedo intenso a tornarse obeso sin tomar en cuenta su verdadero peso al presente, purgar los alimentos o restringir el comer. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Amenazas de hacerse daño a sí mismo o hacerle daño a otros. 
  • Comportamiento de inflingirse heridas o autodestructivo. 
  • Arranques frecuentes de ira y agresión. 
  • Amenazas de irse del hogar. 
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo. 
  • Pensamientos, creencias y sentimientos extraños o comportamiento poco usual.

Es importante que como padres oberven el comportamiento de sus hijos y detecten a tiempo los cambios que ocurren para poder intervenir a tiempo, no debemos esperar a que las cosas cambien por sí solas, en muchas ocasiones lo que podemos ver como cambios de conducta, para nuestros hijos son crisis difíciles de superar sin ayuda profesional.

¿Cuándo llevar a su hijo(a) a psicoterapia?

Publicado por Melba el Thursday 29 de January de 2009. Categorizado en: Información, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia familiar
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enuresis

La respuesta a esta interrogante es bastante amplia, es por esto que en el presente artículo trataré de exponer solamente las causas más comunes por las cuales un niño de entre 3 y 11 años es llevado a psicoterapia. Luego de exponer dichas causas, se explica qué es la psicoterapia y en qué consiste la psicoterapia de juego, ya que es ésta (en mi opinión y experiencia) la más indicada para un niño.

Así, se pretende que esta información sea útil para que usted observe cuidadosamente a su hijo(a) y decida si es necesario un tratamiento psicoterapéutico.

Causas

A continuación, se describen las causas más comunes por las que un niño es llevado a psicoterapia:

1. Agresividad: golpear constantemente a las personas que lo rodean (hermanos, compañeros, etc.).
2. Aislamiento: no tiene amigos, es decir, presenta dificultades para relacionarse con los demás.
3. Eventos significativos: divorcio de los padres, muerte de algún familiar cercano, nacimiento de un hermano (a), cambios de casa y escuela, intervenciones quirúrgicas, etc.
4. Dificultades en el aprendizaje: bajo rendimiento escolar. En esta clasificación, se encuentran también el déficit de atención y la hiperactividad (aunque se debe aclarar que éstos son diferentes y para diagnosticarlos de manera adecuada se deben realizar pruebas neurológicas y psicológicas).
5. Trastornos del sueño: pesadillas constantes, sonambulismo, insomnio.
6. Dificultades en la identificación psicosexual: confusión en la identidad sexual.
7. Enuresis diurna o nocturna: dicho comúnmente es hacerse pipí en los calzones, ya sea durante el día y/o la noche.
8. Encopresis diurna o nocturna: hacerse popó en los calzones, ya sea durante el día y/o la noche.

Es importante mencionar que todas estas causas se convierten en una señal de alarma cuando le restan al niño una adecuada adaptación a su medio ambiente (familiar, escolar y social).

Psicoterapia

La psicoterapia es “una de tantas formas de tratamiento por medio del cual se trata de resolver problemas de una naturaleza emocional partiendo de que la persona que se dedica a dar ayuda psicológica debe estar capacitada y entrenada. El psicoterapeuta establece una relación profesional con el paciente con el objeto de remover, modificar o retardar síntomas existentes, de mediar patrones de conducta desajustada, y de promover crecimiento y desarrollo positivo de la personalidad”. (Wolberg, 1967)

Así, la psicoterapia es una alternativa de tratamiento cuando se presentan dificultades en el desarrollo normal de un niño. Sin embargo, es recomendable la psicoterapia de juego debido a diferentes factores.

Los investigadores dedicados al estudio del niño han llegado a la conclusión de que el juego es el mejor camino para analizar y comprender la conducta infantil. “El juego requiere un gasto de energía mediante el cual el niño va fomentando la capacidad para desarrollar habilidades físicas. Además, le permite poseer más contacto con la realidad externa que le rodea, facilitándole la diferenciación de sus puntos de vista que propician su identificación”. (Padilla, 2003).

Para la psicoterapia infantil es fundamental la utilización del juego, por ser éste colectivo y simbólico y porque sirve como intento para regirse ante la vida y ante los padres. También, el juego es un medio por el cual se puede llegar a diagnosticar al niño, ya que al jugar manifiesta la naturaleza de su personalidad y su carácter –sin ficción ni hipocresía-; su temperamento y reacciones.

Según Erikson (1980), el gran énfasis que los psicoterapeutas dan al juego se basa en su reconocimiento de que los niños pequeños están limitados en su capacidad para comunicar sus problemas de la manera en que los adultos lo hacen. Así que, en la psicoterapia infantil, las situaciones de juego son oportunidades para que el niño externe sus problemas, los traslabore y llegue a resolverlos. Entonces, la labor del psicoterapeuta deberá ser observar y comprender dichos problemas y además ayudar al niño a resolverlos.

BIBLIOGRAFÍA

1. Erikson, E. (1980). Infancia y sociedad. México: Paidós.
2. Padilla, V. M. T. (2003). Psicoterapia de juego. México: Plaza y Valdés.
3. Wolberg, L. R. (1967). The technique of psychotherapy. Nueva York: Grune and Stratton.

DATOS DE LA AUTORA

Melba Álvarez Martínez.

Licenciada en Psicología (UNAM). Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Infantil (IIPCS). Psicoterapeuta psicoanalítica (niños, adolescentes y adultos)

¿Mi hijo es inquieto? o ¿tiene déficit de atención?

Publicado por Patricia Pérez Serapio el Saturday 29 de November de 2008. Categorizado en: Educación, Importancia de la familia, Modificación de conducta, Orientación profesional, Problemas de conducta, Terapia familiar
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Una de las razones más comunes que encontrado durante mi práctica como profesionista por la que los padres de familia buscan atención o asesoría psicológica se debe a problemas con la conducta de sus hijos, principalmente en el ámbito escolar.

Los padres refieren que sus hijos son muy inquietos, usualmente regresan a casa después del colegio con los trabajos inconclusos, pierden sus útiles escolares, se distraen con facilidad, entre otros síntomas. Se muestran preocupados por saber si sus hijos son simplemente inquietos o padecen algún trastorno que les impida concentrarse o poner atención.

Comencemos por definir qué es el trastorno por déficit de atención (TDAH)

El TDAH se refiere a un patrón persistente de desatención presentado por un individuo y que puede estar acompañado de comportamientos impulsivos/hiperactivos. Éste trastorno es muy común ya que se estima que entre el 3 y 5% de los niños lo padece; en cuanto a los adolescentes y adultos la cifra es imprecisa.

Aunque comúnmente los síntomas de desatención vienen acompañados de comportamientos impulsivos/hiperactivos, también es posible que se presente con predominancia en alguno de ellos por lo que importante un adecuado diagnóstico.

¿Cómo saber si mi hijo tiene TDAH?

En muchas ocasiones, tenemos niños inquietos en casa, muy activos o negativos. Es posible también que los notemos distraídos en algunas ocasiones y que pensemos que es difícil controlarlos, sin embargo, es absolutamente normal que los pequeños presenten algunos de éstos comportamientos.

Un niño puede ser diagnosticado con TDAH si presenta por lo menos seis de los síntomas característicos y éstos han permanecido por un periodo considerable (mínimo 6 meses continuos) con una intensidad que no es coherente con su nivel de desarrollo.

Síntomas de desatención:

  • No presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
  • Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • No sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo.
  • Tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
  • Evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • Extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
  • Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • Es descuidado en las actividades diarias.

Síntomas de hiperactividad:

  • A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
  • A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.
  • A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
  • A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
  • A menudo «está en marcha» o suele actuar como si tuviera un motor.
  • A menudo habla en exceso.

Síntomas de impulsividad:

  • A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
  • A menudo tiene dificultades para guardar turno.
  • A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros.

¿Por qué es importante llevar a mi hijo a una evaluación clínica?

Si usted cree que su hijo puede padecer este trastorno es importante que lo lleve a realizar una valoración clínica, ésta puede ser realizada por un médico especialista o por un psicólogo clínico. Es indispensable buscar ayuda profesional para comenzar a emprender acciones inmediatas y a brindarles el tratamiento adecuado.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo si tiene TDAH?

Convivir con un niño con TDAH no suele ser sencillo, es importante que los padres se armen de paciencia y hagan algunas adaptaciones a su estilo de vida para apoyar a sus hijos.

Algunas actividades que puede hacer son:

  • Establecer un horario: Las actividades cotidianas que se repiten con la misma periodicidad permitirá que comience a organizar y estructurar mejor sus actividades. Programar horas fijas para levantarse, para jugar, para hacer la tarea, etc.
  • Procure actividades cortas: Para que el niño logre concluir las actividades será importante que la tarea a realizar sea corta, una tarea más larga de lo que puede tolerar causará frustración o desinterés en el niño; poco a poco puede ir incrementando la duración de la actividad. Si se trata de una tarea escolar procure dividirla en partes y permita que tenga pausas para jugar o distraerse al concluir cada una de ellas.
  • Establecer reglas sencillas y claras: Las reglas permiten comprender que toda acción negativa tiene una consecuencia por lo mismo deberá quedar establecido qué sucederá si se rompe alguna de ellas.
  • Supervise continuamente las actividades del menor: permitirá que cuando el niño se disperse regrese nuevamente la atención a la actividad que debe concluir, así mismo, tendrá la oportunidad de felicitar a su hijo cuando logre completar cada tarea.

Hay muchas más estrategias que puede emplear, pero es importante contar con el respaldo profesional adecuado para hacer equipo y lograr la mejor calidad de vida para toda la familia, ya que cuando se encuentra un niño con TDHA en el hogar, definitivamente todos los miembros de la familia se ven involucrados.

¡Odio la escuela!

Publicado por Kain el Tuesday 18 de November de 2008. Categorizado en: Autoestima, Control de estrés, Educación, Modificación de conducta, Problemas de conducta
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“Algunas de las razones más comunes por la que los niños odian la escuela”

Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños y solía acompañarlos a su primer día en la escuela Primaria. Con frecuencia observaba como algunos niños se negaban a entrar a la escuela, otros lloraban y se prendían a las ropas de sus progenitores. Esto angustiaba a mi hijo.

A tan sólo unos pocos pasos antes de ingresar a la escuela mi hijo, de solo siete años de edad, cursaba el segundo grado, se empecinaba. “No quiero ir”, dijo. ¿Qué le pasa? Pensé mientras él caminaba arrastrando los pies hacia la puerta. Si odia tanto la escuela ahora, ¿qué pasará más adelante?

Me puse a investigar sobre el tema, y encontré lo siguiente en un artículo publicado por la revista Selecciones del Reader’s Digest.

Todos los niños de vez en cuando gruñen respecto de la escuela. Sin embargo, de un cinco a un diez por ciento de los niños no les disgusta tanto que no quieran asistir, dice Christopher Kearney, director de la Child School Refusal and Anxiety Disorders Clinic (Clínica para niños que rehúsan ir a la escuela y trastornos de ansiedad) de Las Vegas en Nevada.

Bueno, pensé, hay otros en mi caso, a ver sigamos leyendo.

Quejarse de la escuela es normal, pero usted debería preocuparse si su hijo empieza a fingir enfermedades para evitar asistir, o se niega a hablar de su día escolar.

Si un niño parece deprimido o ansioso respecto a la escuela, finge enfermarse, en repetidas ocasiones termina en la enfermería, en la oficina del director, o se niega a hablar de episodios de la jornada escolar, debería preocuparle, dicen los psicólogos escolares Michael Martin y Cynthia Waltman-Greenwood, co-editores de Solve Your Child’s School-Related Problems (Resuelva los Problemas relacionados con la escuela de su hijo).

Afortunadamente, usted puede generalmente resolver el problema (a veces muy fácilmente).

Muy bien, entonces si hay solución, me dije. Me había dado cuenta que veces algunos maestros atienden solamente a aquellos que se sientan próximos a él, en las primeras filas del salón de clases y descuidan a los de atrás. Esto molestaba a mi hijo y decaía su estado de ánimo.

Estas son algunas de las razones más comunes por la que los niños odian la escuela:

Ansiedad.

Uno de los temores que evita que los niños disfruten de la escuela es la ansiedad de la separación.

Con mayor frecuencia se produce en momentos de tensión familiar o cuando un niño está a punto de entrar a una nueva escuela.

Lamentablemente, algunos padres alimentan la ansiedad de un niño por la forma en que responden. Con los niños más pequeños, vea cómo despedirse en los primeros días de la escuela. Un “¡Que tengas un bonito día, y te recogeré a las 2:30!” inspira mas confianza que, “No te preocupes, estaré allí en diez minutos si me necesitas”.

Ollendick Thomas, jefe de una clínica para trastornos de ansiedad en niños, niñas y adolescentes en el Instituto Politécnico y en la Universidad Estatal de Blacksburg, Virginia, trató a un chico que estaba ansioso acerca del ingreso a la escuela secundaria. Se preocupaba de todo, desde perderse dentro de la nueva escuela hasta ser golpeado. Su madre se tomó el día libre en el trabajo para poder quedarse en casa y “estar allí” para él - “inadvertidamente enviaba el mensaje de que algo terrible podría ocurrir”, recuerda Ollendick.

Una vez que la madre reparó en que estaba contribuyendo al problema, comenzó a inculcar en su hijo la independencia, de llevarlo a la escuela para que pudiera aprender en torno a su camino y conocer a su maestro. Sus temores disminuyeron, y ahora es un estudiante muy aplicado.

Usted puede ayudar a su hijo a manejar situaciones de temor - desde hablar en clase hasta tomar exámenes - ensayando en casa. Ayúdelo a realizar grandes proyectos haciéndolos en pequeños trozos más manejables. Enseñe a su niño a evitar los pensamientos tales como “voy a cancelarlo” o el “No puedo manejarlo”.

Bueno, esto se está poniendo interesante, me dije, veamos que mas puedo hacer por él. Creo que este no es su problema, así que seguí leyendo.

Soledad.

A algunos niños no les gusta la escuela porque no tienen amigos. Este puede ser el caso si su hijo está siempre solo, finge enfermedades para evitar salir a excursiones o regala bienes atesorados en un intento de ser aceptado.

Por fin creo que ya tengo la respuesta al problema, mi hijo era un solitario, pero efectivamente, era bueno en computadoras, las que había empezado a manejar antes de aprender a leer y escribir. Así que fortalecimos esa habilidad y eso le permitió ganar amigos, además de acercarse a las filas de enfrente en el grupo y atender mejor las clases, lo que le levantó el ánimo.

A menudo los problemas de soledad se pueden resolver mediante el fortalecimiento de habilidades sociales. “Un niño puede necesitar aprender a mirar a los ojos cuando habla, o a hablar mas fuerte que un susurro - o bajar la voz y no gritar”, dice Ollendick. Usted puede enseñar a un niño pequeño algunos “abridores de amistad”, como “Mi nombre es Mauricio. ¿Cuál es el tuyo? ¿Quieres jugar?”

Una gran cantidad de niños que son solitarios no han dicho nunca algo bueno acerca de ellos mismos”, dice Matty Rodríguez-Walling profesor de Miami. “Si un niño solitario es experto en alguna tema - computadoras, por ejemplo - suelen haber otros estudiantes que quieran trabajar con él. Eso estimula la autoestima y ayuda al niño solitario a hacer amigos”.

No siempre es tan fácil encontrar la respuesta a los problemas de los niños con respecto a la escuela, como me sucedió con mi hijo. Los problemas pueden ser muy variados, en el artículo solo se hablan de dos razones. Yo tuve suerte.

Lo mejor cuando se desconocen las razones, es tomar el consejo de especialistas.