Publicado por Kain el Tuesday 13 de July de 2010. Categorizado en: Autoestima, Control de estrés, Educación, Información
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Hace algún tiempo, se pensaba, en general, que para visitar a un psicólogo se necesitaba estar “loco” o haber sufrido un fuerte “ataque de nervios”. Nada más equivocado que eso.
Hoy en día, este concepto afortunadamente ha cambiado. Los psicólogos siguen tratando trastornos mentales leves o graves del comportamiento humano, pero también prestan otro tipo de servicios debido a otras razones. Muchos de nosotros, actualmente, podemos sentirnos perdidos o con un enorme vacío en este sociedad de constantes cambios en todos los aspectos , entre la vorágine del trabajo, el estudio, la vida personal con énfasis en la competencia, la superficialidad de inmediata gratificación. Cualquier persona, enferma o no, puede beneficiarse de los servicios psicológicos para mejorar y mantener la salud física y mental tan precaria en estos días, y promover esta actitud saludable con sus seres queridos.
A pesar de que todos podemos beneficiarnos de la orientación psicológica, no todos queremos ver a un psicólogo. He aquí algunas causas por las que algunas personas deberíamos acudir por asistencia psicológica.
Problemas
Comencemos por definir la naturaleza de un problema. Un problema existe cuando hay una discrepancia entre lo que está haciendo y lo que le gustaría estar haciendo.
Si usted puede poner las cosas en términos concretos, lo más claro posible, de manera que no sólo sabe que tiene un problema, sino que ya se encuentra en camino de resolverlo, es probable que no requiera ayuda profesional.
Sin embargo, puede haber complicaciones que interfieren con su capacidad para discernir y resolver sus propios problemas:
1. Podría suceder que, a pesar de sus buenas intenciones para cambiar las cosas, todavía no pueda hacer ningún progreso. En lenguaje psicológico, se ha encontrado con un bloqueo inconsciente a su progreso. Con la ayuda de un psicólogo puede superar más de un bloqueo como este.
2. También podría ocurrir que simplemente se sienta vagamente satisfecho con su vida, pero no tiene una idea clara de cuál es el problema. En este caso podría consultar a un psicólogo para ayudar a definir el problema. Una vez que el problema esté claramente definido, es posible que pueda proceder por usted mismo.
La buena noticia es que una vez que han aprendido a definir y resolver problemas, es probable que no necesite más ayuda profesional.
Síntomas
Por desgracia, si un problema no puede resolverse de forma clara y sencilla, puede convertirse en un síntoma. Un síntoma es una ilusión creada por su inconsciente, que esconde de usted mismo la realidad.
Muchas personas tratan de “deshacerse” de los síntomas zambulléndose en el trabajo, la diversión, la sexualidad o el abuso de sustancias (como la comida, el alcohol o las drogas). Sin embargo, irónicamente, estas cosas sólo causan más problemas lo que suele degenerar en más síntomas. La única solución verdadera para un síntoma es hacer el trabajo psicológico que sea necesario para hacer frente a la verdad tanto teme.
Como ve, el psicólogo es una persona que se interesa por su salud y estabilidad emocional.
Publicado por Especialista el Sunday 8 de March de 2009. Categorizado en: Educación, Importancia de la familia, Información, Valores en la familia
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Este domingo 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer y en Unidos por la Familia no quisimos dejar pasar esta fecha sin enviar una felicitación a todas las mujeres.
Es importante recordar que la celebración se debe al reconocimiento de la igualdad de derechos de las mujeres en diversos ámbitos:
- Derechos políticos
- Derechos humanos
- Derechos sociales y culturales
- Derechos sexuales y reproductivos
En México aparentemente las obreras y trabajadoras comenzaron a conmemorar el 8 de marzo desde 1935, sin embargo, aún falta mucho por hacer para encontrar la igualdad entre hombres y mujeres. Aún encontramos violencia familiar, maltrato, acoso sexual, discriminación laboral, entre otras.
Exhortamos a todos los lectores a que contribuyamos a continuar con una cultura de igualdad y respetemos los derechos tanto de hombres como de mujeres por igual.
¡FELICIDADES!
Publicado por Patricia Pérez Serapio el Monday 2 de March de 2009. Categorizado en: Educación, Infancia, Información, Orientación profesional, Terapia
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¿Cómo podemos saber que el desarrollo del lenguaje de nuestros pequeños es adecuado?
Si bien es cierto que el lenguaje va evolucionando a diferente ritmo dependiendo de la estimulación que le brinde a su hijo, también es cierto que hay ciertos patrones comunes en cada etapa del desarrollo, por lo que a continuación expondré qué es lo que puede esperar de su pequeño en cada etapa:
1° a 3er. mes:
Le llaman la atención los sonidos y ruidos, intenta mirar hacia el lugar de donde proviene el ruido. Fuera del llanto no produce otro tipo de articulación, sin embargo observa y produce ruidos guturales, precursores del balbuceo.
4° a 6° mes:
Balbucea, hace gorgoritos y ríe. Al oír un ruido familiar, gira la cabeza no solo hacia los ruidos, también cuando escucha la voz de las personas.
7° a 9° mes:
Emite gran cantidad de vocalizaciones espontáneas, no necesariamente con significado pero los sonidos parecidos a una palabra regularmente son reforzados por los padres, por lo que el niño los repetirá y poco a poco lo llevará a formar las primeras palabras. A través de diversas posturas y expresiones faciales comienza a interactuar con su entorno.
10° a 12°:
El niño empieza a combinar los músculos del habla con los de la masticación. Con su facultad imitativa logra una vocaliazción articulada. Las palabras que surgen se dan a través de su conducta alimentaria. Responde a su nombre y es capaz de entender qué significa “no”. Posee una o dos palabras dentro de su lenguaje que utiliza para diversos objetivos.
1 año a 1 año y medio:
Escucha las palabras con mayor atención y repite las palabras familiares por imitación. Es capaz de obedecer órdenes. Al no contar con más de 2 o 3 palabras bien estructuradas, el niño trata de llamar la atención a través de toses y chillidos.
1 año y medio a 2 años:
Ha alcanzado a desarrollar alrededor de 10 palabras bien definidas. Puede llamar a sus padres, decir sí o no cuando le ofrecen algo. Acompaña el “no” con una sacudida de cabeza. Reconoce muchas figuras aún cuando no sea capaz de nombrarlas.
2 años:
El niño puede comprender alrededor de mil palabras, sin embargo, sólo expresa algunas de éstas en su comunicación. Le gusta llamarse a sí mismo por su nombre, entiende mejor las instrucciones con su nombre que cuando le dicen “tú”, le agradan las historias que lo incluyen o ver fotografías en donde aparece su imagen. Al contar sus experiencias las hace con mayor fluidez. Es capaz de diferenciar ciertos elementos básicos, como cuchillo de un tenedor y, a la vez la palabra “no” ya no se acompaña de una sacudida de cabeza sino que es capaz de utilizarlo en el plano de la lógica. “Este no es un tenedor, es un cuchillo”.
3 años:
Las palabras se convierten en instrumentos para designar conceptos, ideas y relaciones. El vocabulario aumenta rápidamente. El soliloquio (hablar solo mientras juega) y el juego dramático, tienen por finalidad desarrollar palabras, frases y organizar. Comienza a utilizar el lenguaje, interpretando al vendedor, al doctor, a papá, etc. El lenguaje es para él un instrumento para manejar y ordenar el mundo.
4 años:
El plan del día: preguntar. Los interrogatorios parecen casi interminables. Es capaz de elaborar e improvisar varias preguntas, que se convierten en declaraciones. Su lenguaje es mucho más fluido y fácil. A veces habla con el sólo fin de llamar la atención. Le gustan mucho los juegos de palabras. No es capaz de construir estructuras lógicas coherentes, sino que combina hechos, ideas y frases. Puede sostener largas y complicadas conversaciones, como también puede contar una extensa historia, mezclando ficción con realidad.
5 años:
A esta edad surgen cambios importantes derivados de la interacción del niño con otros compañeros de escuela así como la estimulación de procesos de aprendizaje pedagógico que tienen como material básico el lenguaje. A estas alturas ya es capaz de integrar los elementos locutivos, fonológicos y gramaticales de modo “similar” al de los adultos. Ordena sintácticamente los elementos incorporados al habla, siendo su desarrollo dependiente de las influencias culturales del medio. En el aspecto semántico logra un dominio más adecuado de los adjetivos y adverbios relacionados con distancias cantidades y magnitudes.
Si usted nota que su hijo muestra diferencias significativas en la evolución de su lenguaje, no dude en acercarse a un especialista que pueda valorar el desarrollo y determinar el tratamiento adecuado para minimizar las diferencias y brindarle a su pequeño las habilidades necesarias para una vida saludable.
Publicado por Melba el Saturday 14 de February de 2009. Categorizado en: Adolescencia, Educación, Terapia
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Posiblemente te has preguntado alguna vez si lo que estás viviendo (pensamientos, sentimientos y acciones) en esta etapa de tu vida como adolescente es normal o, por lo contrario, te sientes confundido (a) y crees que tal vez es necesario buscar alguna ayuda externa. Pues bien, el objetivo de este artículo es precisamente servirte de guía para saber si es recomendable que tú o alguno de tus amigos (as) o familiares asistan a psicoterapia.
Antes de comenzar es importante recordar que la adolescencia es un periodo de la vida que oscila entre la niñez y la adultez, cuya duración y existencia han sido discutidas y definidas como época de crisis. La biología, la psicología y la interacción social del individuo se ponen en crisis (González Núñez, 1986). Así, las tareas fundamentales de esta etapa son la formación de la identidad, la separación de los padres, la elección vocacional y la elección de pareja.
Desde el punto de vista psicoanalítico, las características más importantes de un adolescente son las siguientes: tiene una gran cantidad de energía, existe un aumento cuantitativo en sus impulsos (un Ello fuerte), debilidad del Superyó (moral y valores) y del Yo (juicio y razón); por último, tiene una sensación de vacío (sentimientos de soledad y tristeza).
Motivos de consulta (causas)
Considerando la descripción anterior sobre la adolescencia, a continuación se describen los motivos de consulta por los que un adolescente debe asistir a psicoterapia.
De once a catorce años:
En esta edad empieza la pubertad y la adolescencia. Son más introspectivos, los cambios corporales y sexuales acaparan su atención, desean estar más tiempo solos, le dan más importancia a los eventos que suceden y son muy sensibles a cualquier crítica.
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Dificultad para relacionarse: un niño de once años que no tiene amigos, que no se le ve con frecuencia con un grupo de compañeros indica que no se ha desarrollado apropiadamente. En esta edad es normal que se interesen intensamente en otro amigo, pero la dedicación a un amigo en particular, no debe de ser exclusiva, al grado de no tolerar la presencia de un tercero o rechace cualquier participación grupal.
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Aumento o pérdida de peso: cuando el niño come en exceso indica algún problema o manifestación de ansiedad. Es cierto que en la adolescencia, en especial los hombres, muestran un aumento de apetito y comen más comparado con los adultos, pero alarma cuando comen aún más de lo que es típico para esta edad. En esta clasificación se ubica también la bulimia, las personas que la padecen son las que con frecuencia vomitan después de comer compulsivamente. En el extremo opuesto, se encuentran los adolescentes que pierden mucho peso lo cual indica que puede existir un problema que varía desde la depresión a la anorexia nerviosa. En el rango intermedio los adolescentes, con frecuencia, se alimentan mal y en forma desbalanceada, pero no debe ser motivo de preocupación, a menos que coman tan mal que pierdan peso, tengan cansancio y padezcan insomnio u otros síntomas, en cuyo caso hay un disturbio significativo.
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Onicofagia: es cuando en esta edad continúan mordiéndose las uñas en forma excesiva de manera que se vean lastimadas. La ansiedad en cualquiera de sus manifestaciones deber ser tomada en cuenta.
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Rebelión excesiva: la rebelión es un síntoma que es necesario atender, sin embargo, es difícil encontrar la distinción entre la normalidad y la patología. Es importante para el adolescente rebelarse, incluso no es normal que sea tan dócil, que nunca cause problemas en la familia. El adolescente debe empezar a explorar los límites de su hogar, de su propia conducta, de su cuerpo y la sociedad. Sin embargo, si la rebelión es excesiva y constante, cuando parece que nunca puede descansar, que siempre tiene que llevar la contra, indica que está teniendo más problemas de lo que es común.
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Descenso de rendimiento escolar: hay algunos jóvenes que durante su niñez tuvieron un buen aprovechamiento escolar, pero en la adolescencia empieza a bajar su rendimiento. El fracaso escolar es un indicador sensible de que necesita ayuda y atención.
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Tristeza o depresión: la falta de interés en la vida, una constante tristeza a esta edad no es normal. Se subraya la palabra constante porque durante la adolescencia muchos jóvenes entran en periodos por días, en que les parece que la vida no es atractiva, que todo es tan aburrido que no hay nada bueno que hacer. No tienen amigos y hay quejas frecuentes de lo triste que es la vida. Sin embargo, si esas quejas y esa actitud se prolongan por más de una semana o son acompañadas por pérdida de apetito, sueño y otros síntomas, se debe estar alerta y considerar una evaluación psicológica. Este cuadro es significativo en todas las edades principalmente si existe riesgo de suicidio.
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Relaciones inapropiadas a la edad: jugar con niños más pequeños esporádicamente es hasta saludable, pero jugar exclusivamente con ellos y sentirse incómodo con los de su edad, es un indicador de que el adolescente tiene problemas para crecer.
De catorce a diecisiete años
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Falta de disciplina: en este periodo, en la segunda parte de la adolescencia, el joven normal reconoce la necesidad de algunos límites y reglas en el hogar. La falta de capacidad de aceptar esto y el considerar que no tiene por qué respetarlas, y en verdad no se siente parte del hogar, por eso no acata disciplina alguna, se observa sólo en jóvenes que están pregonando su inadaptación.
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Retraimiento en la fantasía: en esta edad, especialmente las mujeres se refugian en sus propios pensamientos, ideas y fantasías y aunque normal, también puede ser una de las primeras indicaciones de problemas graves en adolescentes. Por tanto, no debe transcurrir mucho tiempo sin atención, sobre todo, si se retraen del contacto social y se sumergen en su mundo interno.
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Aislamiento: de igual forma si prefiere estar en su propia recámara, no salir, no hablar por teléfono o estar incomunicado indica dificultades en sociabilidad. Problemas en las relaciones interpersonales resultan muy dolorosas y la falta de aceptación y rechazo produce intensa ansiedad, especialmente si las dificultades son para relacionarse con el sexo opuesto. Esta área es en extremo sensitiva para el adolescente y es el termómetro más claro para medir la necesidad de ayuda.
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Abuso de drogas: el uso de estupefacientes en general o de drogas incluyendo marihuana, es una señal de alarma. Se considera uso cuando se sobrepasa el fenómeno de exploración que hacen los jóvenes en su ambiente. Si fuman o beben alcohol esporádicamente, por ejemplo en una fiesta, no es signo de alarma pero si lo hacen con frecuencia están llamando la atención de su problema.
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Pasividad: los jóvenes que aún no pueden defender sus propios derechos y responden a sus conflictos con llanto, pasividad o sometimiento, indican que requieren ayuda. Tanto en el círculo familiar y nuclear ya extendido y también con los amigos.
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Falta de interés e inhibiciones: es esperado que entre los catorce y diecisiete años desarrollen intereses intelectuales y culturales fuera de la casa y presten atención a algo más que la televisión y el cine. El joven que no disfruta de bailes, teatro, conciertos, arte o deportes, muestra que sus intereses no se han ampliado en forma normal y posiblemente sea producto de conflictos, por lo que necesita atención.
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Discrepancia entre habilidades y logros: en esta edad es normal que los adolescentes crean que no van a tener éxito en la vida, esto en ocasiones es reforzado por algunos padres cuando les dicen que serán unos fracasados. No obstante, si esos miedos son excesivos y el joven piensa que no va a poder cursar una carrera, no se casará, incluso no podrá cumplir con las aspiraciones de sus padres; cuando en realidad éstos no lo perciben así, ni esperan tanto de los hijos, indica que son sus propias expectativas las que quizás están muy altas y que existe un conflicto entre lo que desean y lo que pueden hacer.
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Interés exclusivo en la escuela: el joven que se interesa exclusivamente en la escuela y sólo se dedica a ella, no tiene amigos y no sabe cómo emplear los momentos de recreo o de placer, preocupa tanto como el que está fracasando en la escuela. Es importante señalar que alumnos que son excelentes estudiantes, trabajan bien y cumplen sus tareas, también pueden tener problemas.
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Necesidad de aprobación constante: si necesita la aprobación de sus padres hasta para las decisiones más pequeñas, indica que no ha podido lograr la suficiente separación de ellos. En esta etapa empiezan a hacer sus propias iniciativas, por ejemplo, qué regalos desean para un amigo o amiga, asistir o no a un baile, participar en algún deporte o pertenecer a un grupo de adolescentes. Deben ser capaces de enfrentarse a una elección vocacional y relacionarse socialmente, en especial con el sexo opuesto. Si esto no sucede y permanece muy dependiente es necesario solicitar una evaluación psicológica.
BIBLIOGRAFÍA
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González Núñez, J. J., Romero, J., y De Tavira, F. (1986). Teoría y técnica de la terapia psicoanalítica de adolescentes. México: Trillas.
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Rangel, D. E. (1996). Psicoterapia infantil: un enfoque psicoanalítico. México: Cuéllar.
DATOS DE LA AUTORA
Melba Álvarez Martínez.
Licenciada en Psicología (UNAM). Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Infantil (IIPCS). Psicoterapeuta psicoanalítica (niños, adolescentes y adultos)
Publicado por Patricia Pérez Serapio el Wednesday 11 de February de 2009. Categorizado en: Adolescencia, Educación, Trastornos
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La adolescencia es una etapa de grandes cambios fisiológicos, psicológicos y sociales. Todos los adolescentes atraviesan por diversas crisis para adaptarse a los nuevos cambios, sin embargo este proceso es enfrentado de manera muy distinta por cada adolescente ya que dependerá de diversos factores externos e internos.
En general, la mayoría de los adolescentes logra adaptarse dentro de los parámetros esperados de la sociedad, sin embargo, algunos de ellos presentan comportamientos que podemos denominar “antisociales” y en algunos casos conductas “delictivas”.
Las circunstancias económicas y sociales actuales, generan la oportunidad para el desarrollo de conductas antisociales en los adolescentes, sin embargo, diversos investigadores coinciden en que no es solo consecuencia de los factores ambientales como el cine, la televisión, la prensa, la calle, la escuela e incluso la misma familia; sino que además interviene un tipo de personalidad que facilita la desinhibición de los impulsos agresivos.
En general, la conducta antisocial suele comenzar a presentarse a partir de los 15 años, aunque en ciertos casos podemos observar éste tipo de conducta desde la infancia.
¿Qué es una conducta antisocial?
Por conducta antisocial se entiende una conducta que molesta y altera a los demás, pero no es ilegal. Puede alterar la paz pública pero sin caer en la delincuencia.
Una conducta delictiva es aquella que afecta la integridad de los demás y se encuentra clasificada como delito.
¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene un trastorno antisocial?
Existen algunos criterios básicos para poder clasificar si la conducta presentada por el adolescente se trata de un trastorno de personalidad:
Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde los 15 años en tres o más de las siguientes conductas:
1. Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención.
2. Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.
3. Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.
4. Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.
5. Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.
6. Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.
7. Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.
Es muy importante que si usted considera que su hijo está presentando algunos de los criterios mencionados, busque acercarse a un profesional en el área, quien podrá realizar un diagnóstico adecuado a través de diversas herramientas, así como le guiarán en el tratamiento adecuado.
Por otro lado, es importante recordar que los padres tienen la responsabilidad de educar y guiar a los hijos para formar individuos responsables con su entorno y con la sociedad.