¡Odio la escuela!

Publicado por Kain el Tuesday 18 de November de 2008. Categorizado en: Autoestima, Control de estrés, Educación, Modificación de conducta, Problemas de conducta
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“Algunas de las razones más comunes por la que los niños odian la escuela”

Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños y solía acompañarlos a su primer día en la escuela Primaria. Con frecuencia observaba como algunos niños se negaban a entrar a la escuela, otros lloraban y se prendían a las ropas de sus progenitores. Esto angustiaba a mi hijo.

A tan sólo unos pocos pasos antes de ingresar a la escuela mi hijo, de solo siete años de edad, cursaba el segundo grado, se empecinaba. “No quiero ir”, dijo. ¿Qué le pasa? Pensé mientras él caminaba arrastrando los pies hacia la puerta. Si odia tanto la escuela ahora, ¿qué pasará más adelante?

Me puse a investigar sobre el tema, y encontré lo siguiente en un artículo publicado por la revista Selecciones del Reader’s Digest.

Todos los niños de vez en cuando gruñen respecto de la escuela. Sin embargo, de un cinco a un diez por ciento de los niños no les disgusta tanto que no quieran asistir, dice Christopher Kearney, director de la Child School Refusal and Anxiety Disorders Clinic (Clínica para niños que rehúsan ir a la escuela y trastornos de ansiedad) de Las Vegas en Nevada.

Bueno, pensé, hay otros en mi caso, a ver sigamos leyendo.

Quejarse de la escuela es normal, pero usted debería preocuparse si su hijo empieza a fingir enfermedades para evitar asistir, o se niega a hablar de su día escolar.

Si un niño parece deprimido o ansioso respecto a la escuela, finge enfermarse, en repetidas ocasiones termina en la enfermería, en la oficina del director, o se niega a hablar de episodios de la jornada escolar, debería preocuparle, dicen los psicólogos escolares Michael Martin y Cynthia Waltman-Greenwood, co-editores de Solve Your Child’s School-Related Problems (Resuelva los Problemas relacionados con la escuela de su hijo).

Afortunadamente, usted puede generalmente resolver el problema (a veces muy fácilmente).

Muy bien, entonces si hay solución, me dije. Me había dado cuenta que veces algunos maestros atienden solamente a aquellos que se sientan próximos a él, en las primeras filas del salón de clases y descuidan a los de atrás. Esto molestaba a mi hijo y decaía su estado de ánimo.

Estas son algunas de las razones más comunes por la que los niños odian la escuela:

Ansiedad.

Uno de los temores que evita que los niños disfruten de la escuela es la ansiedad de la separación.

Con mayor frecuencia se produce en momentos de tensión familiar o cuando un niño está a punto de entrar a una nueva escuela.

Lamentablemente, algunos padres alimentan la ansiedad de un niño por la forma en que responden. Con los niños más pequeños, vea cómo despedirse en los primeros días de la escuela. Un “¡Que tengas un bonito día, y te recogeré a las 2:30!” inspira mas confianza que, “No te preocupes, estaré allí en diez minutos si me necesitas”.

Ollendick Thomas, jefe de una clínica para trastornos de ansiedad en niños, niñas y adolescentes en el Instituto Politécnico y en la Universidad Estatal de Blacksburg, Virginia, trató a un chico que estaba ansioso acerca del ingreso a la escuela secundaria. Se preocupaba de todo, desde perderse dentro de la nueva escuela hasta ser golpeado. Su madre se tomó el día libre en el trabajo para poder quedarse en casa y “estar allí” para él - “inadvertidamente enviaba el mensaje de que algo terrible podría ocurrir”, recuerda Ollendick.

Una vez que la madre reparó en que estaba contribuyendo al problema, comenzó a inculcar en su hijo la independencia, de llevarlo a la escuela para que pudiera aprender en torno a su camino y conocer a su maestro. Sus temores disminuyeron, y ahora es un estudiante muy aplicado.

Usted puede ayudar a su hijo a manejar situaciones de temor - desde hablar en clase hasta tomar exámenes - ensayando en casa. Ayúdelo a realizar grandes proyectos haciéndolos en pequeños trozos más manejables. Enseñe a su niño a evitar los pensamientos tales como “voy a cancelarlo” o el “No puedo manejarlo”.

Bueno, esto se está poniendo interesante, me dije, veamos que mas puedo hacer por él. Creo que este no es su problema, así que seguí leyendo.

Soledad.

A algunos niños no les gusta la escuela porque no tienen amigos. Este puede ser el caso si su hijo está siempre solo, finge enfermedades para evitar salir a excursiones o regala bienes atesorados en un intento de ser aceptado.

Por fin creo que ya tengo la respuesta al problema, mi hijo era un solitario, pero efectivamente, era bueno en computadoras, las que había empezado a manejar antes de aprender a leer y escribir. Así que fortalecimos esa habilidad y eso le permitió ganar amigos, además de acercarse a las filas de enfrente en el grupo y atender mejor las clases, lo que le levantó el ánimo.

A menudo los problemas de soledad se pueden resolver mediante el fortalecimiento de habilidades sociales. “Un niño puede necesitar aprender a mirar a los ojos cuando habla, o a hablar mas fuerte que un susurro - o bajar la voz y no gritar”, dice Ollendick. Usted puede enseñar a un niño pequeño algunos “abridores de amistad”, como “Mi nombre es Mauricio. ¿Cuál es el tuyo? ¿Quieres jugar?”

Una gran cantidad de niños que son solitarios no han dicho nunca algo bueno acerca de ellos mismos”, dice Matty Rodríguez-Walling profesor de Miami. “Si un niño solitario es experto en alguna tema - computadoras, por ejemplo - suelen haber otros estudiantes que quieran trabajar con él. Eso estimula la autoestima y ayuda al niño solitario a hacer amigos”.

No siempre es tan fácil encontrar la respuesta a los problemas de los niños con respecto a la escuela, como me sucedió con mi hijo. Los problemas pueden ser muy variados, en el artículo solo se hablan de dos razones. Yo tuve suerte.

Lo mejor cuando se desconocen las razones, es tomar el consejo de especialistas.

 

Las Tareas de los Padres en la Orientación Profesional

Publicado por Rafael Hernandez Palmer el Thursday 13 de November de 2008. Categorizado en: Autoestima, Información, Modificación de conducta, Orientación profesional
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Por: Psic. Juan Rafael Hernández Palmer

“El cemento que mantiene la unidad de una vida es la orientación o intencionalidad. Para que un adolescente y más todavía un adulto sean normales, necesita tener un objetivo definido, un camino que se dirija a lo que anhela. Este importante aspecto del sí mismo no existe en años anteriores. La principal característica de la adolescencia es la renovada búsqueda de la identidad de sí mismo. Mientras el muchacho no empiece a formar planes, no estará completado el sentido del sí mismo (self o identidad). En tales casos podemos afirmar que la personalidad es de tipo oportunista e inmadura”

Tales palabras fueron expresadas hace mas de treinta años por el reconocido psicólogo Gordon Allport (1), y desde entonces ha quedado latente el concepto de adolescencia tardía, que prontamente está destruyendo la frontera con la etapa conocida como adulto joven.

Una especie de Peter Pan que se niega a crecer y por ello a realizar cualquier acción que lo confronte con la vida y las responsabilidades propias de un adulto. Y de entre estas negaciones a madurar, el acto más significativo se relaciona con la toma de decisiones de la carrera profesional, tal como Havighurst señalaba en su propuesta de las tareas del desarrollo: si una tarea no estaba cumplida (en este caso la inserción al ambiente profesional a través de la etapa de formación y socialización laboral anticipatoria) entonces podríamos hablar de un eterno adolescente.

Mucho más recientemente Fernando Savater (2) cita a  W.H. Auden  quien subraya “el carácter infantil del ser humano, es decir expectante y tentativo. Esta perpetua adolescencia humana dota también a la especie de una singular tenacidad, de una obstinación a veces admirable y a veces temible”

Y es que el suceso puede llegar a ser bastante conflictivo en la vida de un muchacho quien ha estado acostumbrado a una forma de vivir y, como señala John Horrocks (3) “un adolescente está próximo al final de la infancia; tarde o temprano termina por entender que un día deberá ser responsable de su propio sustento. Además descubre que la indulgencia de la sociedad hacia él  ha sido reemplazada por la premisa de que como adulto deberá pasar una gran parte de su tiempo en un trabajo remunerativo”

Ante todo ello, ¿qué pueden hacer los padres de familia junto con sus hijos para lograr que esta “perpetua adolescencia” camine por senderos más tranquilos?

Primeramente no podemos dejar de reconocer junto con Guillermo Ortiz (4)  “Hay una distancia como del cielo a la tierra entre el adolescente de doce años y el de dieciocho años”  Ciertamente cada uno tomará una perspectiva muy diferente sobre el proceso de elección de una carrera profesional, sin embargo en esencia se sigue el mismo proceso, ya que si lo que está de fondo en juego es la capacidad para tomar decisiones por parte de los muchachos será muy relevante ir generando esta capacidad que tiene la marcada característica de poder incrementarse.

Nuevamente con Guillermo Ortiz (4) podemos afirmar que “orientar al adolescente no quiere decir marcarle y hasta obligarle a seguir determinada carrera. El adolescente atraviesa por un período de desorientación por definición y no pueden dejar en manos de un tercero esta delicada tarea”.

Por su parte John Horrocks (3) es tajante al señalar: “Como determinantes de la elección ocupacional tenemos la influencia paterna y el prestigio social. Las presiones económicas, los deseos, expectativas de los amigos y familias empujan al adolescente a seleccionar ocupaciones situadas en los primeros lugares de la lista aprobada socialmente, ocupaciones que suelen conferir estatus social. Sin embargo Greenhaus informa que los individuos con autoestimación elevada tienden a considerar sus propias necesidades y atributos notables para determinar la satisfacción son su elección ocupacional, mientras que los individuos con autoestimación baja tienden a prestarle más atención a los indicios externos.”

Los psicólogos de UNIDOS POR LA FAMILIA compartimos con nuestros clientes la siguiente frase: TU DECIDES… Como una resultante entre dos vectores: factores internos y factores externos.

Los factores internos se caracterizan porque en gran medida todos están en el locus de control del adolescente, esto significa que no representan situaciones estáticas e inamovibles: Intereses, Personalidad, Habilidades, Conocimientos, Actitudes. Todos son factores susceptibles de cambio. El error más grave se centra en etiquetar al  muchacho con alguna de las características previas.

Entre los factores externos tenemos por un lado la información académica vs. información profesional y por otro las condiciones económicas vs. las condiciones sociales y familiares.

Pero tales factores externos podrán equilibrarse o neutralizarse con factores internos, de esta forma tendrán que irse estableciendo criterios de regulación y aceptación de la realidad circundante, pero también, como decía Savater, tener la audacia para transformar esa realidad en aquello que deseamos fervientemente.

Implica, por supuesto, tener metas claras que puedan ser realistas y auto ajustables.

Al igual que los padres de familia, deseamos que los jóvenes sean capaces de distinguir que TOMAR UNA DECISION…

  • Es un proceso de duelo por lo que se deja o abandona
  • Implica una capacidad para cometer y aceptar errores
  • Consiste en un proceso de asumir riesgos
  • Obliga a desarrollar la confianza y el auto conocimiento
  • Demanda superar temores

Coincidimos con, José Ignacio Alonso (5) en que hay que evitar en la toma de decisiones:

  • Rapidez: tomar decisiones apresuradas
  • Egoísmo: no considerar las  consecuencias de nuestras acciones
  • Aplazamiento: evadir
  • Traslación: transferir a otra persona la facultad de decidir
  • Inmediatez: considerar solo el corto plazo
  • Reduccionismo: un ejemplo es elegir una profesión solo por un factor despreciando otros criterios
  • Ceguera: no tener suficiente información

Y es que al igual que en todo proceso significativo en la vida del ser humano, se presentan distorsiones cognitivas (5):

  • Percibir las cosas como todo o nada
  • Convertir un dato o suceso en una ley general
  • Fijarse en algunos detalles de la realidad y no en el contexto
  • Realizar deducciones o conclusiones incorrectas
  • Creer que las cosas son como uno siente
  • Basarse en “deberías” irracionales e inflexibles
  • Sentirse culpable de los actos de padres, hermanos o amigos
  • Magnificar los problemas o minimizar las propias cualidades
  • Evadir la responsabilidad y el control de nuestras vidas

Padres de familia y sus hijos podrían seguir  los siguientes pasos para tomar decisiones sensatas (5):

  • Acepta el reto
  • Busca alternativas
  • Formula un compromiso
  • Mantén tu decisión

Sydney Jourard (6) señalaba que la elección vocacional está siempre marcada por temor, sensación actual de la identidad, expectativas de otras personas.

Por ello apoyamos a los jóvenes en las siguientes áreas:

A) Orientación Vocacional: para conocerse más a si mismo en sus competencias (habilidades, conocimientos y actitudes)
B) Orientación Profesional: para conocer las exigencias del mercado laboral y las ofertas educativas
C) Orientación Psicológica: para equilibrar y desarrollar situaciones emocionales, personales y familiares
D) Orientación Escolar: para mejorar capacidades de atención, retención y estudio

Conocedores de que en cualquier proceso de toma de decisiones se enfrentan algunos momentos de angustia y ansiedad que implica dejar todas las demás carreras y universidades para elegir sólo una, y para continuar su acompañamiento y reflexionar sobre el proceso vocacional estamos para apoyarlos.

Finalmente podemos afirmar junto con Erich Fromm (7): “Debemos adquirir conocimiento para elegir el bien, pero ningún conocimiento nos ayudará si hemos perdido la capacidad de conmovernos con la desgracia de otro ser humano, con la mirada amistosa de otra persona, con el canto de un pájaro, con el verdor del césped. Si el hombre se hace indiferente a la vida, no hay ya ninguna esperanza de que pueda elegir el bien. Entonces ciertamente su corazón se habrá <<endurecido tanto>> que su <<vida>> habrá terminado.”

BIBLIOGRAFIA CITADA:

(1) Allport, Gordon. La personalidad. España. Herder. 1970
(2) Savater, Fernando. El valor de elegir, Editorial Ariel. España 2003
(3) Horrocks, John E. Psicología de la Adolescencia. México Trillas, 1984 (reimp 1993)
(4) Ortiz González, Guillermo. Cómo orientar al adolescente. México sin fecha. Librería Parroquial de Clavería
(5) Alonso, José Ignacio y Cols. Psicología. España. McGraw -Hill,    2002
(6) Jourard, Sydney. La personalidad saludable. Editorial Trillas. México 1987 Obstáculos
(7) Fromm, Erich. El corazón del hombre. Fondo de cultura económica, México,1964 (reimp 1972)

OTRAS OBRAS CONSULTADAS:

  1. Frankl, Viktor. La presencia ignorada de Dios. Editorial Herder. España sexta edición 1986
  2. Nicol, Eduardo. Psicología de las situaciones vitales. Fondo de cultura económica, México,1963 (reimp 1975)
  3. Patterson, C.H.. Orientación autodirectiva y psicoterapia. Editorial Trillas, México,1970 (reimp 1977)

Destruyendo la Autoestima de mi Hijo

Publicado por Patricia Pérez Serapio el Saturday 18 de October de 2008. Categorizado en: Autoestima, Importancia de la familia, Modificación de conducta, Terapia familiar
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Por: Psic. Patricia Pérez Serapio

Cuando hablamos de autoestima nos referimos a la apreciación valorativa que tiene un individuo sobre sí mismo; el desarrollo de la autoestima está influenciado por el entorno social, académico y principalmente por el entorno familiar.

Los niños reciben mensajes verbales y no verbales, acerca de lo valiosos que son a través de nuestras conductas, acciones, actitudes y comportamientos; éstos mensajes no son voluntarios y se repiten en ocasiones día a día, de ahí la importancia de analizar qué mensajes estamos transmitiendo para saber si estamos fortaleciendo o destruyendo la autoestima de nuestros hijos.

¿Cómo puedo destruir la autoestima de mi hijo?

Todos los individuos tenemos necesidades psicológicas básicas tales como: el afecto, las caricias, el reconocimiento de nuestra existencia, etc; un niño buscará satisfacer dichas necesidades a través de los estímulos que recibe de sus padres.

Si los estímulos que recibe un niño son: rechazo, calificativos negativos (ej, tonto, travieso, etc.), y reconocemos su existencia únicamente cuando su conducta es negativa, entonces estamos en el mejor camino para lograr la destrucción de la autoestima.

Para hacerlo más eficiente, reforcemos con algunas frases destructivas:

  • “mereces que nadie te quiera”
  • “no sirves para nada”
  • “inútil”
  • “no deberías haber nacido”
  • “siempre haces mal las cosas”
  • “nunca pones atención”

Ahora agreguemos algunos mandatos falsos, haciendo hincapié en que nuestro cariño depende del logro de los mismos:

  • “tienes que ser fuerte”
  • “nunca debes llorar”
  • “no debes equivocarte”
  • “no me hagas perder el tiempo”
  • “siempre debes obedecer”

Si después de esto, aún queda algo de autoestima en su pequeño, no se limite, puede usar las siguientes armas:

  • Búrlese de sus sentimientos
  • Humíllelo en público
  • Minimice los problemas que el niño tenga
  • Evite el contacto o las demostraciones de afecto lo más que pueda.

Como podrá darse cuenta, destruir la autoestima de un niño implica un arduo esfuerzo, requiere que sea constante y persistente, es necesario repetir los estímulos día a día, por lo menos durante un año para que los resultados sean duraderos.

¿Cómo puedo fortalecer la autoestima de mi hijo?

Fortalecer la autoestima es más sencillo de lo que parece, los niños buscan recibir afecto, caricias, el reconocimiento de su existencia, etc.

Podemos comenzar con abrazarlos y acariciarlos sin necesidad de un motivo especial, sin necesidad de esperar a que realice una conducta que nos agrade, sin esperar que obtenga las mejores calificaciones en la escuela, sin esperar un día específico, simplemente: abrácelos.

Dígale a su hijo “te quiero” tan frecuentemente como pueda, no espere a que su hijo satisfaga sus expectativas para decírselo, no espere que él lo infiera, simplemente: dígaselo.

Escuche las ideas de su hijo tanto como pueda, reconozca el valor de sus aportaciones, recuerde que para los niños todo es nuevo, están descubriendo el mundo y lo que a los adultos nos puede parecer obvio, para ellos es un descubrimiento.

Si le es posible, estimule a su hijo con frases como:

  • “bien hecho”
  • “la práctica hace al maestro”
  • “gracias por tus aportaciones”
  • “valoro tu opinión”

Como podrá darse cuenta, fortalecer la autoestima de su hijo no requiere demasiado esfuerzo, solo es necesario agregar un poco de paciencia, tolerancia, respeto y sobre todo amor.

Los padres de familia tenemos en nuestras manos la formación y desarrollo de nuestros hijos; es nuestra responsabilidad brindarles las mejores herramientas para enfrentar la vida; debemos enseñarles a vivir con espontaneidad; a mantener relaciones sanas y auténticas; a tener confianza en sí mismos y en los demás; a expresar sus sentimientos y reconocer los sentimientos de otros; pero sobre todas las cosas, debemos enseñarlos a amar.